jueves, 18 de septiembre de 2014

Guerra vivida en el estado de Gaza


Estado de Gaza



La Franja de Gaza (en árabeQiṭāʿ Ġazza o también Qita' Ghazzah; ) o simplemente Gaza, es una estrecha banda de tierra situada en el Oriente Próximo, lindante con el sudoeste de Israely con el nordeste de la península del SinaíEgipto. Junto con Cisjordania forma el Estado de Palestina, definido en los Acuerdos de Oslo y en la resolución 1860 del Consejo de seguridad de la ONU, que ha sido admitido por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el estatus de observador.


La Franja de Gaza es una de las regiones más densamente pobladas del planeta. Con una superficie de 360 kilómetros cuadrados, acoge a casi millón y medio de palestinos. En su mayoría, éstos se alojan en los ocho campos de las Naciones Unidas. La franja está completamente cercada, excepto en la costa del Mar Mediterráneo. Las autoridades israelíes mantienen ocho puestos fronterizos, dos de los cuales (Erez al norte y Rafah al sur) pueden ser utilizados por los palestinos.


Conflicto de la Franja de Gaza de 2008-2009


El conflicto de la Franja de Gaza de 2008-2009.
Denominado Operación Plomo Fundido (en hebreoמבצע עופרת יצוקה‎) por las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI), fue una ofensiva militar desde el aire, tierra y mar, precedida por una campaña de bombardeo aéreo sobre la Franja de Gaza (Territorios Palestinos), que tuvo inicio el 27 de diciembre de 2008 y que finalizó el 18 de enero de 2009. Fue dirigida contra objetivos de la infraestructura de la organización Hamás, principalmente puertos, sedes ministeriales, cuarteles de policía, depósitos de armas y los túneles subterráneos que comunican la Franja de Gaza con Egipto. El conflicto fue descrito como la "Masacre de Gaza" (en árabe:مجزرة غزة) en varios países y medios musulmanes.
Según el gobierno israelí, el objetivo de la ofensiva era destruir la "infraestructura terrorista" y la capacidad militar de Hamás, como respuesta al lanzamiento de cohetes y proyectiles de mortero, contra objetivos civiles israelíes por parte de milicianos palestinos desde la Franja de Gaza, dado que desde que acabó el alto el fuego que precedió al conflicto hasta el inicio de la ofensiva, más de 200 proyectiles impactaron en el sur de Israel. Elministro de defensa de Israel Ehud Barak declaró: "Hay un tiempo para la calma y un tiempo para la lucha, y ahora ha llegado el momento de luchar". En tanto que el primer ministro de IsraelEhud Ólmert, advirtió de que"puede llevar tiempo, y todos y cada uno de nosotros debemos ser pacientes para que así podamos completar la misión".
Este conflicto provocó el mayor número de bajas en los últimos cuarenta años de conflicto árabe-israelí, catorce de ellas israelíes, de las que once eran soldados y tres civiles. Aproximadamente 1.400 palestinosmurieron a consecuencia de los bombardeos y los combates urbanos; centenares de ellos eran civiles, aunque existen importantes divergencias entre las cifras aportadas por distintas organizaciones. Según el Centro Palestino para los Derechos Humanos, de los 1.434 palestinos fallecidos durante el conflicto 960 eran civiles, 288 de ellos menores de dieciocho años, mientras que un informe presentado por el ejército israelí reconocía 1.166 palestinos muertos, entre 457 y 295 de ellos víctimas civiles. La organización israelí para los derechos humanosB'Tselem cifró en 1.387 el número de palestinos muertos, de los que al menos 774 serían civiles, 320 de ellos por debajo de los dieciocho años. La Franja de Gaza resultó seriamente dañada y miles de edificios fueron destruidos, la mayor parte de ellos residenciales. Tanto las Fuerzas de Defensa de Israel como Hamás fueron acusados de haber cometido crímenes de guerra durante el conflicto por distintos informes de Naciones Unidas,Amnistía Internacional y Human Rights Watch.
Inmediatamente después del inicio de la ofensiva, los grupos armados palestinos en la Franja de Gazarespondieron intensificando el lanzamiento de cohetes hacia Israel, y sus líderes hicieron llamamientos a la Tercera Intifada contra Israel y a la reanudación de los atentados suicidas. El sur del territorio israelí se vio sometido a una situación de permanente alarma, y los cohetes alcanzaron en repetidas ocasiones las ciudades deSderotAscalónAsdod y Beerseba, provocando la muerte de un soldado y tres civiles israelíes, así como decenas de heridos de distinta consideración. Tras el inicio de la invasión terrestre sobre la Franja, nueve soldados israelíes murieron en combate en diferentes acciones, cuatro de ellos como consecuencia del fuego amigo el 5 de enero. Otro soldado israelí murió el 27 de enero a consecuencia de las heridas provocadas por una bomba accionada por milicianos palestinos cerca del paso de Kissufim.
Tras la intensificación de la diplomacia en los días previos, el 17 de enero de 2009 el primer ministro israelí Ehud Ólmert anunció un "cese unilateral de las hostilidades en la Franja de Gaza", con una duración de 10 días. En este período, el ejército israelí siguió desplegado en la Franja, y según afirmó un alto mando del mismo, "si Hamás dispara contra las fuerzas israelíes, nos reservamos el derecho de responder".Tras la declaración de alto el fuego, varios cohetes cayeron sobre territorio israelí y hubo combates entre milicianos palestinos y militares israelíes en el interior de la Franja de Gaza, que provocaron la muerte de un ciudadano palestino.
El día siguiente, 18 de enero, fue Hamás junto con otras organizaciones palestinas quien anunció un "alto el fuego inmediato". Éste, con una duración de una semana, tenía como objetivo la retirada del ejército israelí del territorio gazatí, según portavoces del movimiento islamista. Según un portavoz del primer ministro israelí Ehud Ólmert, el ejército israelí no contemplaba un calendario de retirada mientras no cesase el lanzamiento de cohetes sobre su territorio. Finalmente y tras varios días de tensa calma, los portavoces de las Fuerzas de Defensa de Israel anunciaron el 21 de enero que el ejército hebreo había completado su retirada de la Franja de Gaza, retornándose al statu quo previo al conflicto y retomando Hamás el poder sobre la totalidad del territorio gazatí

Sísifo en Gaza




Reconstruir Palestina puede costar unos 9.000 millones

de euros. Pero no se trata de una catástrofe natural. ¿No esperarán que volvamos a pagar los platos rotos, no?



Ha empezado el baile de cifras sobre la reconstrucción de Gaza después de la penúltima agresión israelí. Las autoridades palestinas la valoran en unos 3.900 millones de euros, aunque habría que invertir 6.000 millones para recuperar cierta normalidad. La ONU considera que seguramente habría que poner encima de la mesa 9.000 millones. Con un poco de suerte, en breve habrá la inevitable conferencia de donantes, donde se harán promesas que, en pocos meses, se comprobarán de nuevo infundadas. Ya se sabe, hemos cooperado por encima de nuestras posibilidades pero tenemos un gran compromiso en la lucha contra la pobreza, on connait la chanson. Para aliviar la desesperante situación, algunas organizaciones activan ya todos sus resortes, SMS y presentadoras de prime time, no es para menos.

Alto, un momento. ¿No esperarán que volvamos a pagar los platos rotos, no? Esto no ha sido una catástrofe natural, donde los culpables de que la población no haya podido escapar a sus efectos puedan más o menos esconderse detrás de los márgenes de error de nuestra simulaciones meteorológicas o cálculos de dinámica de fluidos. No, esta vez hay nombre y apellidos, responsables de dar órdenes precisas para destruir objetivos civiles sin ningún interés militar. La administración israelí ha invertido casi 2.000 millones de euros en convertir Gaza en una montaña de dos millones de toneladas de escombros. Los ciudadanos del resto del mundo hemos estado contribuyendo a reconstruirla, en una nueva versión del mito de Sísifo, en incontables ocasiones. El Ayuntamiento de Barcelona, sin ir más lejos, veía cómo sus intervenciones urbanísticas en la franja quedaban hechas añicos en la anterior campaña israelí. Al final se cansó de llenar un pozo sin fondo, claro está.

Podemos adelantar la ayuda, pero con la condición de que sea una deuda contraída por Israel con los donantes.

Ahora que nos replanteamos cómo seguir financiando nuestra cooperación, vistos los recortes indiscriminados de las diferentes administraciones en España, quizás debiéramos pensar en nuevos instrumentos que, como en este caso, carguen sobre los mecanismos y actores que generan desigualdades y pobreza, todo el peso de su reparación. La Tasa Tobin va de manera excesivamente tímida, por ahí, por gravar la economía financiera e intentar paliar sus excesos. En este caso, la identificación más o menos exacta de los daños y sus autores nos ofrece la posibilidad de exigir su reparación perfectamente delimitada.

Las armas debería ser gravadas para compensar todo el daño que provocan, como el tabaco.

Alguien argumentará, lógicamente, que la gravedad de la situación nos obliga a actuar urgentemente, que no podemos esperar a que esto se acepte sin más. De acuerdo, pero debe existir la manera de abrir un asiento en alguna contabilidad internacional que no olvide el esfuerzo que podamos hacer ahora para limpiar las calles de Gaza de cascotes. Podemos adelantar la ayuda, pero con la condición de que sea una deuda contraída por Israel con los donantes, porque todavía tendremos que ver cómo se ofrecen créditos para la reconstrucción y encima sea Palestina la que se endeude, cerrando un círculo muy lucrativo que comienza con los fabricantes de armas. Se necesita casi el doble del presupuesto que España dedicaba en un año a cooperación en los mejores tiempos, para que nos situemos.
Porque, por poner medidas, por ejemplo y hasta que no lleguemos a un control muchísimo más estricto de su comercio, las armas debería ser gravadas para compensar todo el daño que provocan, como el tabaco o lo envases no retornables, sin querer frivolizar. Esa y tantas otras medidas hay que plantearlas a escala sistémica, no como inofensivos arañazos, para tener alguna posibilidad de incidencia y de cambio en el orden mundial actual, que es lo que hace reproducir secula seculorum las desigualdades y los desastres. Si no, seguiremos poniendo tiritas para atajar una hemorragia insoportable, como la de la franja esta vez, que vuelve a esperar que Sísifo suba la montaña.


Hay que reconstruir Gaza





El alto el fuego que entró en vigor en la Franja de Gaza el martes traslada la batalla a la mesa de negociaciones. (...) Hay quienes ya predicen la fecha del próximo brote de violencia porque no creen que Hamás vaya a respetar las condiciones que se acuerden en El Cairo, sean las que sean. Quizá tengan razón. Pero justo por eso es tan importante sentar un fundamento firme para cooperar con las demás partes negociadoras. (...)
Después de la muerte y destrucción a la que se han enfrentado los 1,8 millones de gazatíes, lo que ahora importa es reconstruir el territorio. Israel, Egipto y los palestinos, junto con EE UU y Europa, deben trabajar para crear una base económica sólida que pueda transformar la vida en Gaza y constituya una auténtica barrera defensiva frente a la renovación de la violencia. Obviamente, este plan económico requiere el levantamiento del bloqueo de la Franja, la reapertura de los pasos fronterizos y el permiso —y financiación— para construir un puerto en Gaza. Pero la reconstrucción por sí sola, sin un horizonte diplomático, no es suficiente.
Como primera medida, Israel debe reconocer un Gobierno de unidad palestino. Sin esto, Israel estará firmando un acuerdo con Hamás que no será más que un alto el fuego. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, debe reconocer la oportunidad que se le ofrece a Israel para reformular sus relaciones con algunos Estados árabes. Ahora debe adoptar una perspectiva amplia que no se circunscriba a un acuerdo sobre Gaza, sino que resucite el proceso de paz, que debería incluir a los dos territorios que comprende la Autoridad Palestina.


Guerras sin 'glamour'




                                

Cuando se habla de “guerra” y de muertes, sufrimiento humano, vidas tronchadas para siempre, esperanzas despedazadas y futuros abortados, es muy difícil y bastante poco digerible traducirlo por la vía de la aritmética. ¿Qué nos dice que en la Primera Guerra Mundial hubo 16 millones de muertos? Mucho y poco. Se ha dicho hasta el hartazgo que fue una carnicería indescriptible.
Las décadas han ido pasando, hasta este centésimo aniversario de hoy, cuando se han reunido en Europa los jefes de Estado de todo el continente para prometerse, una vez más, que Europa nunca más se convertirá en el nido venenoso de una conflagración mundial. Sin embargo, hace no muchos años, en ocasión de las guerras balcánicas, Europa volvió a ensangrentarse, y ahora mismo, en los terrenos de Ucrania, de los que intenta apoderarse tenaz mente la Rusia de Vladimir Putin, sigue habiendo una serie terrible de episodios de violencia, que no han alcanzado, afortunadamente, características globales, pero siguen demostrando que Europa no está a salvo del virus tóxico de la guerra. Cuando hablamos de “guerra”, mientras parece que a estas horas ya reina una calma provisoria en la frontera entre Gaza e Israel, es inevitable reflexionar sobre un aspecto en el cual tienen responsabilidad principal los medios de comunicación, portales de Internet, radios, canales de televisión, diarios, revistas y las llamadas redes sociales.
Des afortunadamente, he llegado a la conclusión de que hay guerras que tienen glamour y hay guerras que no le interesan a nadie. Esta reflexión surge de un aporte documental formidable que ayer domingo 2 de agosto publicó Perfil con la firma de Facundo Barrio, descollante periodista de la sección internacional, que hace un detallado recuento encabezado de esta manera: “Muertos fuera de agenda: las víctimas diarias de los conflictos sin luces quintuplican a las de Gaza”.
Me llamó la atención el coraje y lo provocativo del título, pero el sustento es muy sólido: el Programa de Datos sobre Conflictos de la Universidad de Uppsala, en Suecia reconocido por las Naciones Unidas, es un esfuerzo académico que permite hacer un seguimiento de todas las guerras del mundo. Durante 2013  hubo un desarrollo en todo el planeta nada menos que 33 conflictos bélicos. Pero de estos 33 –que van desde los más grandes hasta el más pequeño– se resumen en una cifra tenebrosa: los siete principales conflictos bélicos (radúzcase como las siete guerras más importantes del mundo en 2013) dejaron 118.000 víctimas fatales.
En consecuencia, esto implica un promedio de 323 muertos por día. Recuerda Facundo Barrio que el conflicto de Gaza se ha extendido en esta última etapa durante 26 días, y sin contar los 64 soldados israelíes caídos en combate, murieron 1800 palestinos, un promedio de 69 por día. Sin embargo, una vez más ha vuelto a hacerse uso y abuso de la palabra “genocidio”. El que se agregó ahora a esta colección de usos banales de la idea fue el presidente José Mujica, de Uruguay, hombre que a menudo piensa después de hablar, o mejor dicho, a menudo habla sin pensar. La palabra “genocidio” es de una estatura, importancia y dimensión tales, que no solo los dirigentes políticos sino también los medios de comunicación deberían usarla con mucho tino y prudencia.
A la cabeza de la lista de los conflictos bélicos del año pasado, sin contar los sietes corridos de este año, en Siria hubo 75.000 víctimas mortales. Sudán del Sur es el ejemplo claro de un conflicto del que nadie se ocupa y en el que el año pasado hubo nada menos que 10.000 muertos. La guerra contra el narco, antes de que asumiera el presidente Enrique Peña Nieto en México, ya había producido más de 10.000 muertos en 2013. Somalia, otra olvidada nación fracasada del Cuerno del África, padeció el año pasado 3100 muertos. Ni hablar de Irak, Afganistán y Pakistán, que entre los tres suman casi 20.000 muertos solo durante el año pasado.
Sin embargo, cuando se habla de Siria, no se habla casi de “genocidio”; ni hay repercusiones públicas; ni países que establecen ultimátums, ni diplomacia de cancilleres.
Simplemente apunto a esto: a la necesidad de que el periodismo recupere el orgullo por la precisión del lenguaje, aquel viejo rasgo característico del buen oficio del periodista que es llamar a las cosas por su nombre. La humanidad ha sufrido genocidios. Comencé este editorial hablando de los cien años de la Primera Guerra Mundial, que fue una auténtica matanza en donde todos se mataron entre todos. En la Segunda Guerra Mundial hubo claramente dos o tres genocidios perfectamente planificados: el principal fue el del pueblo judío, sumado a los de minorías, como los cristianos anti nazis, militantes marxistas y comunidades minoritarias como homosexuales o gitanos, percibidas por los nazis como incapaces de ser reconocidos como seres humanos.
En Gaza no ha habido genocidio. Para los medios, lamentablemente, la palabra suena muy bien. Es necesario llegar a la triste conclusión de que en este mundo nuestro hay guerras que tienen glamour y otras de las que no se acuerda nadie.